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Invertir también es cosa de chicos

19 febrero, 2015

Aunque suene pretencioso, podemos afirmar que es posible “asegurar” el futuro financiero de nuestros hijos. ¿Por qué? Porque no se trata de otra cosa que de dejarles establecidas las bases para que ellos solos puedan hacer frente a la vida en el terreno financiero, sepan tomar decisiones, construyan buenos hábitos y aprecien el valor de generar su propio patrimonio.

Enseñarles a nuestros hijos a ahorrar e invertir, es una de las mejores acciones que podemos hacer como padres, pero, para llevarla a cabo, primero hay que entender cómo se relacionan los chicos con el dinero.

La responsabilidad financiera es una parte fundamental de la educación y, al igual que otros importantes hábitos y actitudes, debe empezar desde una edad muy temprana. Pensar que los hijos ya tendrán tiempo para aprender por sí solos en qué consisten las finanzas constituye un error común. Lo aconsejable es empezar a tocar estos temas, con total honestidad, desde los 5 o 6 años aproximadamente. De ahí en adelante es recomendable dejar que hagan compras pequeñas, que reciban una cantidad de dinero a la semana y que vayan entendiendo el poder del ahorro. Es importante también, sobre todo cuando ya tienen 8 o 9 años, regalarles una alcancía, de preferencia transparente, para que vean cómo se va llenando de dinero. De igual forma, es bueno enseñarles a dividir el dinero en dos partes: ahorro y gastos, algo que les quedará grabado para toda la vida.

Cuando empiecen a gastar su propio dinero, hay que dejarlos cometer errores: que compren cosas que no les convienen. Después comprenderán que se equivocaron y por qué, y habrán aprendido, una valiosa lección.

Otra pata fundamental es fijar límites. Las elecciones financieras de los más chicos de la casa deben basarse en el hecho de que todo tiene un límite y un costo. Eso, y el ver que se puede construir prosperidad a partir de este principio de orden, es lo que los puede llevar a dominar sus finanzas en el futuro.

Es bueno darles una cantidad periódica de dinero para sus gastos, pero ese monto no debe ser ilimitado. Y nunca es demasiado temprano para que el niño empiece a elaborar su propio plan acerca de cuánto gastar y en qué y cuánto destinar para el ahorro. Nada más educativo que cuando un chico identifica un deseo y se programa para ahorrar y conseguirlo.

Una vez que adquirieron el hábito del ahorro, es importante enseñarles a invertir. Cuando crezcan un poco más, a los 10 años, deben aprender la diferencia entre ahorrar e invertir. A esta edad es aconsejable compartir con ellos un fondo común de inversión (aunque tenga que ser, hasta la mayoría de edad, a nombre de uno de los padres). Aquí es donde realmente aprenderán que invertir no es sólo “guardar” el dinero, sino ponerlo a producir para que se multiplique y hacer crecer el patrimonio.

Invertir una determinada cantidad en un fondo común de inversión, y dejarla ahí hasta que lleguen a la mayoría de edad, es algo muy sencillo de hacer y que puede cambiar sus vidas en el futuro, ya que ese dinero puede ser destinado para costear sus estudios universitarios, o quizás un departamento o un viaje. En definitiva, y después de todo, ellos cuentan con el activo más importante: el tiempo.

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